1973 – 11 de Setiembre – 2015

Se cumplen 42 años del brutal golpe fascista contra el Presidente constitucional de la hermana República de Chile, el Dr. Salvador Allende, quien fue y por siempre será un verdadero ejemplo de ética, lucha y compromiso revolucionario en la construcción de la Patria Grande.
El sangriento golpe de Estado de Pinochet no sólo fue en contra del gobierno que legítimamente presidía el Dr. Allende.

Este experimento sedicioso fue pionero -como ejemplificador para la región y época- a la hora de romper con la institucionalidad con el fin de frenar los avances logrados por el proyecto socialista y democrático chileno iniciado en 1970.

Las reivindicaciones sociales, económicas, políticas, educativas, etc., alcanzadas por el gobierno de Salvador Allende ciertamente afectaban poderosos intereses de la alta burguesía local y, muy especialmente, de las corporaciones multinacionales.
Este atropello en contra de la voluntad popular y los derechos conseguidos, con la consecuente masacre del pueblo a manos de la dictadura pinochetista, no hubiera sido posible sin el apoyo del fascismo trasandino, (verdaderos precursores de nuestros conocidos “caceroleros”); de amplios sectores de las FFAA; incluso de algunos sindicatos (camioneros!!); de la “diestra” complicidad de algunos políticos de países vecinos, y de la ya comprobada y reconocida acción de los EEUU a través de su Embajada y de la CIA.

Luego de la valerosa resistencia del Dr. Allende en el Palacio de la Moneda, muchos artistas y militantes populares fueron los primeros en derramar su sangre.

Por eso desde ADAI, los Docentes, Artistas e Investigadores de la UNA recordamos con admiración y respeto al Presidente Dr. Salvador Allende y a los más altos valores simbólicos que él representa.

En su memoria, y por nuestra memoria, recordamos aquí las últimas palabras que pronunció Salvador Allende desde “La Moneda”, en el último discurso que dirigió al pueblo de Chile aquel triste 11 de septiembre de 1973.

Ese día marcó para siempre el fin de un sueño revolucionario.

Sueño que, por entonces, muchos de nosotros acompañamos con verdadero fervor y admiración.

Sus palabras adquieren más vigencia hoy que nunca.

Resuenan cada vez más fuerte en nuestros corazones, dándole vida y sentido a nuestros mejores sueños.

Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su espíritu de lucha.

Me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos, porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente; en los atentados terroristas, volando los puentes, cortando las vías férreas, destruyendo lo oleoductos y los gaseoductos, frente al silencio de quienes tenían la obligación de proceder.

Estaban comprometidos.

La historia los juzgará.
Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz ya no llegará a ustedes. No importa. La seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes.

Por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la Patria.
El Pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse.

El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.
Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino.

Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse.

Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.
¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!
Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano. Tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.”