Celebramos el Día Internacional de la Mujer Trabajadora

Aunque recién en 1977 la ONU proclama el 8 de Marzo como el Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional preferimos recordar aquella primera denominación que se le dio a comienzos del siglo XX: Día Internacional de la Mujer Trabajadora, porque en su origen lleva el germen y la voluntad de mujeres socialistas luchando por el voto femenino y la igualdad de derechos laborales entre hombres y mujeres.
Todo el siglo XX fue testigo de esa lucha incesante, muchas veces silenciosa o silenciada, de mujeres trabajando: en el hogar, en la fábrica, en la escuela, en el campo, en la Universidad… La mujer multiplicó sus funciones sociales y su capacidad de trabajo, y hoy puede ser madre, estudiante, docente, artista, militante, profesional, presidenta. Y, muchas veces, todo a la par.
Las sociedades y el mundo laboral, de a poco pero cada vez más, van reconociendo esa capacidad, y el reconocimiento redunda en derechos largamente esperados. Quizás, en un futuro no tan lejano, ya no sean necesarias las “Secretarías de Género” o “de la Mujer”, o los Programas contra la Violencia de Género, simplemente porque hombres y mujeres reconocidos en su humanidad, trabajen a la par por sociedades más justas e igualitarias. Mientras tanto, la tarea continúa: por la igualdad de derechos y de oportunidades, por una educación igualitaria, por el repudio y la penalización de la violencia contra la mujer, por el acceso a sistemas de salud seguros, por la despenalización del aborto.
Docentes y Artistas del IUNA, agrupados en ADAI, celebramos el Día Internacional de la Mujer Trabajadora y saludamos a todas nuestras compañeras.

Cuadro de situación”

 Pasan sin ser vistas… O mejor dicho, lo mejor de ellas queda en la opacidad o en una transparencia cegadora.

Juegan con muñecas y vestidos.

Por maravillosa alquimia (que mucho adjudican a la naturaleza, pero que otros sospechamos un acto ancestral voluntario y aprendido) crecen de pronto en senos y caderas y manos habilísimas.

Aman desesperadamente a hombres que no saben esperarlas.

Y, todos sabemos, de la desesperación a la desesperanza hay un solo paso.

 A veces les cuesta darlo. Pero después…Ah! Después…se tornan invencibles: paren hijos, animales, plantas con una misma capacidad multiplicadora de panes y alegrías.

 Animales sensuales y sensibles que erraron mucho tiempo su destino, hoy vuelven a la selva.

 De pronto: un espejo delante las seduce. Se miran. Mientras dure el fulgor serán como Narciso. Y luego, como Alicia.

Entonces, nada les será prohibido.

 El mundo tiene nombres femeninos: África oscura, Asia milenaria, Europa medieval, América la nueva, Oceanía.

Nombres y cuerpos femeninos, plenos de curvas y mareas, sismos, corrientes subterráneas.

 Atención…que las sirenas cantan.

 Y, cabe la sospecha, de que ya no haya lugar donde amarrarse. (O que el lugar esté en llamas).

 Abrazarse a ellas: abrasarse. Algunos hombres comprenden y se entregan. Los demás escapan.

 No estoy hablando de victorias feministas. Esto no es más que un cuadro de situación.

La mujer, como el escorpión de la fábula, ha reconocido su propia naturaleza.”

Silvana Franco, en Cuestión de género, 1998.