Porqué no paramos

No participamos del paro nacional convocado para el 20 de noviembre, por entender, en primer lugar, que la discusión del mínimo no imponible, principal reclamo de la protesta, ya fue abordada, recibiendo desde el Ejecutivo una respuesta que alivia la situación de gran parte de los trabajadores y las trabajadoras al exceptuar del pago de Ganancias a la segunda cuota del aguinaldo de 2012 e inaugurando una discusión más profunda con la conducción electa de la CGT, en la que esperamos que participe también la legítima condución de la CTA con Hugo Yasky a la cabeza.

En segundo término, y como quedó evidenciado el pasado 8N, el planteo de fondo en lo económico tiene relación con la disputa de dos modelos de desarrollo económico antagónicos. La agenda del paro del 20 de noviembre es corporativa y su realización no implica necesariamente un cambio en el  modelo de desarrollo ya que expresa las reivindicaciones del sector más privilegiado de los trabajadores, y excluye los reclamos de las grandes mayorías que, a pesar de los avances en materia social y económica, aún están lejos de la agenda del paro de mañana.

Desde el punto de vista político, no creemos que sea contra el gobierno nacional y de la mano de: i) las expresiones conservadoras del movimiento sindical, como las que expresan la CGT Azul y Blanca o la conducción de la UATRE, ii) de los medios hegemónicos que buscan azuzar el conflicto social en momentos en que se discute su adecuación a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y iii) de sectores de las patronales agropecuarias como la Federación Agraria, que se pueda construir la correlación de fuerzas que permita llevar adelante los cambios aún pendientes que permitan avanzar en mayores niveles de justicia social.

Finalmente, cabe destacar la confusión de las patrullas perdidas de una pretendida izquierda, cada vez más liberal, que luego de haber participado del lockout patronal de 2008, ahora coinciden con las supuestas burocracias sindicales con las que ellos mismos rechazaron cualquier acercamiento en función de un posicionamiento oportunista de confrontación al gobierno nacional para tratar de beneficiarse del “descontento” y el “malestar” promovido por los grandes grupos económicos y mediáticos.